EL CAMINO DEL NORTE (pulsar sobre cualquiera de las imágenes para ampliarlas)






19º Día: San Esteban de Leces – La Isla:



Etapa corta, pero es conveniente relajarse y disfrutar de los paisajes costeros después del largo recorrido efectuado el día de ayer y que físicamente deja huella, por eso creo que la decisión inicial de acortar la etapa de hoy será acertada. En este albergue no hay posibilidad de desayuno preparado, salvo que cada cual por sus propios medios se lo prepare oportunamente. Así que intentaremos tomarlo por el Camino. Son las 08:00 horas cuando iniciamos la marcha, a Jordi le sigue aguantando su bota y como el recorrido no se prevé demasiado brusco nos vamos haciendo compañía caminando por la ruta oficial del Camino. La mañana es fresca, algo nublado aunque no se observan síntomas que amenacen con lluvia.





No es necesario regresar hacia Ribadesella para incorporarse al itinerario del Camino, simplemente hay que bordear el albergue y tomar el camino asfaltado que va por la parte posterior del mismo. Solo tener en cuenta que a unos doscientos metros según vamos ascendiendo, hemos de tomar el desvío de la izquierda y ya no se abandona este camino hasta que lleguemos a La Vega. Observo que el “equipo italiano” camina algo más atrasado que nosotros, así que no vamos solos. El paisaje sigue siendo bello por estos prados rebosantes de verdor y frescura.





Después de dos kilómetros se comienza el descenso hacia La Vega, la panorámica que nos presenta con el mar y las playas al fondo y a media bajada como escalonada, la población entre prados.





A estas horas de la mañana los lugareños están “desparecidos” son las 08:20 horas y lo mas preocupante es que no hay ni un local abierto para poder desayunar, creo entender que el principal atractivo debe ser la playa en época veraniega. Sin embargo por la gran cantidad de hórreos y paneras existentes así como la riqueza de sus prados, en algún momento deben haber determinado la importancia de su agricultura y ganadería.





Al dejar este núcleo rural, lo hacemos a través del puente de Vega que salva el paso sobre el río Acebo, alejándonos de esta inmensa playa por su parte izquierda.





A partir de aquí una senda por los prados, aunque bastante embarrada, dejando notar el efecto de las lluvias recientes nos acerca a la siguiente población, Berbes, aproximadamente a dos kilómetros de La Vega.

Por suerte aquí si encontramos un bar, parece ser que abre a las ocho de la mañana con el objetivo prioritario de recibir a los peregrinos. Nos atiende una persona encantadora, brasileña, aunque con dificultad conseguimos entendernos en español, y desde luego el excepcional bocadillo de tortilla con jamón que preparó y su amabilidad, bien merecieron nuestra parada en este lugar. Durante nuestra estancia llegó el “equipo italiano” que tomó buena nota del “bocata” del que estábamos dando cuenta y lógicamente optaron por el.

Desde Berbes, durante un kilometro y medio camino por un sendero bastante estrecho pero con una vegetación impresionante de helechos y árboles





que poco a poco van dejando aparecer de nuevo este maravilloso mar Cantábrico





y así hasta volver a bordear la costa que en esta zona tienes unos acantilados abruptos que se van entrelazando con las bonitas playas que cubren el litoral con su fina arena, así encontramos en primer lugar la playa Beciellla que pertenece a la localidad de Caravia.





Durante otro nuevo kilómetro y medio tenemos una zona de acantilados en los que los prados se prolongan hasta el mismo borde de los mismos





hasta llegar al arenal de Morís, que tiene habilitada una zona de descanso.





Unos nuevos acantilados nos separan de la siguiente playa





que es la de El Viso también perteneciente a la misma localidad, limítrofe con la playa La Espasa ya término de Caravia y Colunga.





Finalmente se da vista a la Playa de La Isla y no pudiendo reprimir el deseo de caminar por su fina y húmeda arena que incita a disfrutar de ella como en nuestras mejores épocas infantiles, prácticamente al final de la playa, con el comienzo de zonas urbanizadas estaremos haciendo la entrada en La Isla y aquí terminaría la etapa formalmente y así debería haber sido.





Pero la distracción y el ensimismamiento con la belleza que nos rodea nos juegan una mala pasada. Jordi había continuado caminando por la senda que bordea la playa mientras que yo me daba mi “galopada” por la arena, así que retorné a la senda y como las flechas amarillas nos seguían orientando en nuestra dirección de marcha pues tranquilamente no desentendimos de la proximidad real de La Isla y continuamos caminando por nuevas sendas, ya al margen dela costa y cada vez mas embarradas, pienso que esta zona fue casi la “puntilla” para las sufridas botas de Jordi. Después de casi media hora de camino, bonito, pero infernal,





observamos indicaciones del Concejo de Colunga y después de comprobar la realidad de nuestra ubicación, desgraciadamente comprobamos que nos había pasado mas de dos kilómetros de La Isla, así que haciendo uso de los medios de que disponíamos para orientarnos nos dirigimos directamente al punto mas próximo de encuentro con carretera N-632 que nos devolviese camino atrás a La Isla, lujo que nos pudimos permitir dado lo temprana de la hora y la brevedad de la etapa, así que a las 13 horas ya estábamos en La Isla gestionando con Angelita, la hospitalera, nuestro hospedaje de ese día en el albergue.

En primer lugar nos dirigimos al domicilio de Angelita para recoger las llaves y cumplimentar los preceptivos trámites de registro, sello en la credencial y abono de la estancia, donde la presencia de las madreñas es señal inequívoca de su trabajo y de la tierra donde estamos.





Durante esta gestión llegó el “equipo italiano” al completo, así que Angelita cumplió los trámites con todos y gentilmente nos acompañó hasta el albergue, poniéndonos en antecedentes de que había una persona alojada desde el día anterior con problemas en una pierna.

El albergue ocupa el edificio de las antiguas escuelas, pero gracias al interés y atenciones de Angelita, el aposento es más que digno, dispone de un patio exterior muy agradable. En el interior, una sala primera que sirve de recepción, cocina y comedor, donde también se sitúa la lavadora, de la que hicimos uso mancomunadamente. Ya en la siguiente sala, existen camas y literas a lo largo y ancho de lo que debería ser el aula del colegio y en un lateral el acceso a los aseos. Todo un lujo, máxime cuando el número de alojados no supera las nueve personas y sin embargo su aforo es de 24 plazas.





Después de alojarme, asearme y hacer la colada, como día de “descanso” me encamino al centro, donde existe una bar llamado La Churre, con comedor – terraza acristalado donde pretendo darme un “pequeño” homenaje gastronómico y realmente lo consigo, deleitándome con una botella de sidra con cabrales y fenomenal entrecot. Posteriormente, a los postres, se incorporaron al bar el “equipo italiano” con sus tres componentes: Renato, Andrea y Roberto, asimismo también se incorporó la chica alemana que la noche antes pernoctó en el albergue, se llama Dolores y aunque sin raíces españolas a pesar del nombre, también medio comprende el español. Celebramos el encuentro con la paz y tranquilidad de la etapa cumplida y la recuperación de Dolores.





En otra mesa se encuentra la pareja francesa compuesta por André y Marie Claude con quienes ya había coincidido en etapas anteriores





y en otra mesa independiente se encuentra otro francés de edad avanzada que generalmente es el primero en abandonar por la mañana los albergues y camina solo e independiente.

El día ha recuperado el cielo azul y la temperatura es agradable, así que retorno al albergue para descansar un rato y organizar la ropa y la mochila. Ya pacientemente sentado en la sala de descanso – comedor- cocina, observo cierto nerviosismo en Marie Claude y André, finalmente se deciden y me comentan si puedo ayudarles pues creen que han olvidado en el albergue de Ribadesella la documentación y el dinero, para lo cual debo hablar con la hospitalera del citado albergue con quien no consiguen contactar.

Una vez confirmada la imposibilidad de contacto, lo hago a través de Dolores, hospitalera de San Esteban de Leces, Dolores quien después de conocer el tema me facilita amablemente el teléfono móvil de la hospitalera de Ribadesella, Juana Dolores.

Después de contactar con Juana Dolores y explicarle el tema, se lamenta de que hayan recurrido tan tarde para localizar la perdida, ya que la habitación donde han dormido la pareja francesa ya está ocupada por otra pareja también francesa, así que pone en contacto a ambas parejas por si en su propio idioma consigue localizar algo en la habitación.

Las gestiones resultan inútiles ante la desesperación de mis compañeros de Camino, así que le insisto a Juana Dolores, dejándole mi teléfono también, de que si por casualidad apareciese la bolsa perdida me mantuviese informado, dándole las gracias por su interés.

Ante esta perspectiva Marie Claude y André, se encaminan al pueblo con el fin de localizar algún cajero donde al menos conseguir algo de efectivo. Yo continúo con mi actividad en el albergue. Jordi se haya algo destemplado con algo de enfriamiento, así que opta por descansar.

No ha trascurrido media hora cuando recibo una nueva llamada de Juana Dolores (albergue de Ribadesella) bastante alegre puesto que ha aparecido la bolsa de la pareja francesa con unos cuatrocientos euros en efectivo, por lo que le indico que lo comunicaré a los propietarios para que se desplacen a recogerlo, agradeciendo nuevamente el interés y la honestidad demostrada.

Me encamino hacia el centro del pueblo y en el trayecto me encuentro con los desolados André y Marie Claude a los que les cambia el semblante cuando les informo de la buena noticia, están incrédulos y como desconcertados. Una vez asimilada la noticia y locos de alegría, nos acercamos al bar La Churre, donde ya conocían el tema y todo fue amabilidad, puesto que ya no existían medios de locomoción para ir y volver a Ribadesella, ofreciéndose Luis, gestor del bar a acompañarles en su propio coche gratuitamente, me invitan a que les acompañe, detalle que agradezco pero decido quedarme para visitar tranquilamente La Isla.

Aprovecho el resto de la tarde visitando el perímetro del pueblo con unos bellos acantilados





que vuelcan sobre el mar en la zona alta de la población y la enorme playa de España con la tranquilidad que esta época con la ausencia de turismo permite recrearte en la soledad y encanto de sus playas y aguas solitarias.





A continuación recorro la parte central de la población en la que también se pueden apreciar la cantidad de hórreos y paneras existentes, muchas de ellas rehabilitadas y otras conservadas en su estado más natural y original.





Aprovecho antes de retornar al albergue para pasar por una tienda de comestibles con el fin de preparar de cena y llevar algo para el día siguiente en la mochila. Ya de regreso al albergue, al pasar cerca del bar La Churre, salió a mi encuentro André, emocionado, ya habían regresado de Ribadesella y recuperado todo lo perdido, me invitaba a tomar sidra, pero la verdad, se lo agradecí pero en aquellos momentos estaba ya decidido a llegar al albergue para prepararme la cena.

Así fue, en la mesa-comedor y haciendo uso del menaje existente, me preparé una ensalada que con algo de jamón y queso quedé plenamente satisfecho.

Ya estábamos todos los peregrinos en el albergue pensando en la etapa del siguiente día, André y Marie Claude contentísimos y agradecidos, al igual que su paisano que me agradeció el gesto que había tenido, pero los peregrinos estamos para ayudarnos cuando es necesario y ¡¡¡esto es el Camino!!! para lo bueno y para lo malo, todo nos lo da y nos lo quita el Camino y allí queda después, la vida sigue y quien no aprenda de estas vivencias realmente pierde el tiempo. Hay que saber estar, conocer, equivocarse, perdonar, agradecer y vivir todos con todos.

El amigo francés “desconocido” me facilitó la dirección de un hotel en Villaviciosa, puesto que allí no hay albergue, así que decidimos llamar e hice la reserva para el y para mi.

La anécdota de la noche surgió con motivo del grupo “sinfónico” que se montaba a la hora de dormir, por lo que Dolores, curándose en salud, prefirió dormir en la sala – comedor- cocina aprovechando un sofá que allí había. Yo dormí en una de las camas de la sala.









Albergues de la Etapa:

San Esteban de Leces:
-Albergue de Peregrinos de San Esteban de Leces
    Localización: San Esteban de Leces (a 5 Km de Ribadesella, junto al Camino)
    Propiedad y Gestión: Principado de Asturias
    Tel.: (+34) 985 85 76 11
    Rehabilitado parcialmente en 2013



Vega:
-Albergue Tu Casa
    Localización: Primera casa a la entrada a Vega a la derecha
    Propiedad y Gestión: Privada
    Tel.: (+34) 984 10 07 46 / (+34) 634 785 574
    Inaugurado en Julio de 2016



La Isla:
-Albergue de Peregrinos de La Isla
    Localización: Barrio de la Colonia s/n (antiguo edificio escuelas)
    Propiedad y Gestión: Municipal
    Tel.: (+34) 985 856 000 / (+34) 985 852 005
    Inaugurado en 2013

-Albergue El Furacu
    Localización: Pº Marítimo Enrique Hidalgo
    Propiedad y Gestión: Privada
    Tel.: (+34) 985 856 661 / (+34) 660 250 762
    Inaugurado en la década de los 90