EL CAMINO DEL NORTE (pulsar sobre cualquiera de las imágenes para ampliarlas)






21º Día: Villaviciosa - Gijón:



La mañana amanece despejada y fresquita, así que a las 07:30 horas ya estamos caminando, la bota de Jordi está a punto de dar sus últimos pasos, pero todavía aguanta.

Definitivamente ya tengo decidido finalizar mi primera incursión en el Camino del Norte con la llegada a Gijón y bajo esa perspectiva me voy mentalizando.

La noche ha sido tranquila y cómoda, no habría cambiado el hotel Carlos I ni la habitación por un hotel de cinco estrellas, además la coincidencia de alojarnos varios peregrinos y ser los únicos hospedados, era un ambiente sensacional, un albergue de Gran Lujo.

Comienzo el día a las 05:45 horas, lo que me permite hasta disfrutar del desayuno que Isabel había dejado preparado en la habitación. Aún con la noche encima comienzo mi etapa, que si bien se plantea larga y con un fuerte ascenso a unos once kilómetros del inicio, lo hago con mucha ilusión aunque con el sentimiento de que “esto” se acaba…

La salida no tiene problemas, máxime cuando el día anterior en uno de mis paseos identifiqué físicamente la salida de Villaviciosa, no obstante, hay que ir muy atento a la señalización, pues en esas zonas inconcretas en que dejas la población y tienes que acceder a un barrio que prácticamente se confunde como una continuación de la propia ciudad es cuando mas posibilidades hay de despistarte del recorrido.

Según salgo del Hotel a la Plaza de Carlos I, tomo a la derecha por la calle Sol (coincidente con la N-632) que me llevará a desembocar a la calle Cabanillas a la que me incorporo girando a mano izquierda y que se corresponde con la AS-255 dirección a Infiesto.

La podemos abandonar durante un tramo para pasear por el Parque de la Alameda junto a la ribera del río Linares, realmente continuamos paralelos a la carretera, por lo que pienso que no merece la pena, ya que lo único que puede inducir es a error, como a mi me sucedió, ya que una serie de flechas te encaminan a un puente para cruzar a la otra orilla y te quedas sin señalización hasta que llegas a otro puente con la duda razonable de no saber donde estás, aunque realmente te devuelve al parque de nuevo. Me ocasionó más veinte minutos de perdida y gracias a la información de una persona que iba en coche y me sacó de dudas.

Continuando por la AS-255, llegamos hasta la altura de San Juan de Amandi, situada en un barrio de Villaviciosa, estamos aproximadamente a dos kilómetros del inicio. Aquí podemos contemplar esta Iglesia que es ejemplo del románico tardío asturiano, ya hay constancia de su existencia en 1270, si bien algunos estudiosos la sitúan en el siglo XII. Por des1gracia, son las 07:30 horas, no pude acceder a contemplar esta maravillosa obra.





A poca distancia, encontramos un cruce de carreteras con indicación a la derecha hacia Villaviciosa y al fondo Santaolalla de Cabranes e Infiesto, continuamos recto en esta última dirección, y nada mas pasar este cruce encontramos a la derecha la Sidrería la Regatina, por lo que hemos de tomar el desvío a la derecha que conforma su fachada, aunque está señalizado, es conveniente estar atentos.

Continuando por esta vía, nuevamente encontramos otra bifurcación, con una fuente llamada de San Juan, está señalizada, indicando hacia la izquierda el camino a Covadonga y a la derecha el Camino de Santiago,





opción que tomo para cruzar el puente de piedra de San Juan, ya en el barrio de la Parra, ya en el barrio de La Parra,





para encontrarnos de nuevo en la AS-257 por la que camino escasos metros puesto que hay que desviarse de nuevo hacia la derecha para tomar la VV-10. Después de un kilómetro por esta nueva vía VV-10, llegamos a Casquita, un nuevo punto determinante, puesto hay una nueva bifurcación perfectamente señalizada donde se decide continuar bien hacia Oviedo (a la izquierda) o bien hacia Gijón (a la derecha).





En mi caso la idea es clara, quiero llegar a Gijón, aunque no descarto esta opción futura para llegar a Oviedo y recorrer el Camino Primitivo posteriormente.

Continuando por esta vía, en la que me mantendré durante algo mas de cuatro kilómetros, llego a Grases de Abajo, son las ocho de la mañana y como se carece de cualquier tipo de servicio que permita algo de abastecimiento,





no obstante, conociendo de antemano esta situación, hoy voy bien provisionado y hago uso de mi “liquido” rehabilitador y algo de frutos secos. Lógicamente ante la ausencia de cualquier tipo de servicio, en caso de “necesidad” se puede utilizar el propio campo.

Por ahora hace una mañana maravillosa, con un cielo prácticamente azul y una temperatura ideal para caminar. Dejaremos a mano izquierda el desvío que viene de Grases de Arriba para casi inmediatamente después de pasar bajo la autovía del Cantábrico, iniciar aquí algunas rampas de ascenso hasta llegar a Nievares,





con un paisaje propio de la época y la zona, pero sin lluvia que anima a caminar por carretera, entre verdes prados y caseríos diseminados por la falda de la colina por la que comienzo a ascender.





Hasta ahora el trazado era suave pero desde este momento se acaba la tranquilidad del paseo, abandonándo la VV-10 para tomar a la derecha el desvío hacia Peón por la VV-9 con la conviviré durante kilómetro y medio, perfectamente señalizado,






comenzando una larga y dura subida a través de caminos y sendas, para que después de tres kilómetros y medio se logre coronar el Alto de la Cruz, salvando un desnivel de cuatrocientos metros, un puerto como veremos de “armas tomar”, la parte positiva, la climatología ayuda y es muy buena hora, son las 08:40.

Inicialmente camino por un pequeño recorrido de pista pavimentadas con cemento, con paciencia veo como cada vez la pendiente se hace mayor, pero cuando observo a un lugareño que a esas horas y con una edad que por su aspecto buenamente puede ser nonagenaria, al que pregunto si llevo buena dirección hacia el Alto de la Cruz, me contesta afirmativamente y que todo para arriba. Así que viendo esa fortaleza humana y las maravillas de la naturaleza que voy descubriendo a cada paso, ¡¡me da ánimos!!





Casi de inmediato se acaba la pista de cemento que se convierte en una pista de tierra, que durante unos seiscientos metros todavía permite el acceso de vehículos y que finaliza en una edificación con un hórreo, a la que llego en el momento en que unas personas acceden con un todoterreno y que deben ser los propietarios o trabajadores de la finca, quienes me vuelven a confirmar que estoy en la senda adecuada,





aunque a partir de este momento finaliza la pista y me introduzco en un a senda estrecha de monte y cada vez mas zigzagueante y empinada, olvidé que me quedaba la peor parte.





Después de este tramo verdaderamente pesado y duro, que me obliga a descansar cada breve trecho de recorrido,





pero eso si, disfrutando de los paisajes tan excepcionales que la altitud me va presentando con la luminosidad del cielo.





De nuevo me incorporo a una nueva pista, esta vez de asfalto, que si bien ha perdido el zigzagueo de la senda, creo que estoy superando la parte de mayor desnivel del recorrido por la visión que ofrecen sus largos y empinados tramos.





Finalmente “aparezco” en un cruce con una carretera hasta ahora para mi desconocida, la VV-8 que después de un breve recorrido ya con un pendiente suave me lleva hasta la cima del Alto de la Cruz, son las 09:45.





Creo que he forzado demasiado la marcha, debería haber ido más suave y con descansos más frecuentes, ya que realmente he invertido una hora en este tremendo ascenso que su dureza y belleza me recuerda los recorridos por el País Vasco.

Una vez coronado el puerto, se inicia el descenso hacia Peón a través de la VV-8, la visión de esta vertiente es “alucinante”, el valle parece una “colosal maceta” con su verdor y primorosa distribución de tonalidades, y desde la lejanía, las casitas parecen de una maqueta concienzudamente pensada.





Después de algo más de dos kilómetros de descenso por esta vía, hay un desvío señalizado que te conduce por un camino que te irá aproximando a Peón sin necesidad de continuar por el largo trazado de la carretera. No dudo en adentrarme por este camino de tierra puesto que la climatología sigue siendo complaciente con los peregrinos y no hay síntomas de barro y agua.

En este descenso tengo la suerte de disfrutar de un encuentro con José, un lugareño de Peón, a punto de cumplir los 94 años en junio, pero con una locuacidad, claridad de ideas y fortaleza física impresionante. Son las 09:50 horas y allá en medio del campo, con su sombrero, azada y madreñas, está dedicado a las faenas agrícolas.

Después de darnos los buenos días, entablamos conversación respecto de donde había salido, de donde era y hasta donde pensaba llegar. Una vez aclaradas las preguntas, me comenta que él ha salido de Peón una sola vez en toda su vida y fue con motivo de la guerra civil española, en la que además le tocó luchar en ambos bandos, en primer lugar en el sur y por último en el norte en la zona del Ebro. Así que como decía “donde fueres…, haz lo que vieres” en cualquiera de las dos zonas de enfrentamiento.

Mencionó que desde su conocimiento, observó que unos de los bandos fratricidas estaba mejor organizado que el otro y según el, la diferencia esencial eran los mandos, pues no llegaba a explicarse, como en una de las ocasiones, cuando su compañía regresaba al campamento y tenían que cruzar un puente, sus propios compañeros en esta ocasión, volaron el puente cuando ellos pasaban por el. Me contaba que milagrosamente pudo salvarse de las aguas con una herida en la cabeza, aunque eso si, perdió su arma (lo decía como si esta pérdida hubiese sido una humillación).

Siempre con una delicadeza digna de admirar, narrando las distintas situaciones vividas, sin acritud ni partidismos, solo era un chaval al que le sacaron de su tierra para una guerra infernal y de la que por suerte pudo regresar de nuevo a su tierra sano y salvo.

La media hora que pasé con José fue una verdadera delicia del saber estar y narrar sus experiencias con una frescura de ideas y situaciones como si las acabase de vivir, ¡¡sensacional!!

Después de disculparse varias veces por haberme entretenido de esta manera con su conversación, yo no pude nada más que darle las gracias por el maravilloso momento que me había hecho vivir, por su buen decir, saber y estar, todo un ejemplo de vida y concordia. No me dejó marcharme sin indicarme que en el mismo valle podía encontrar sitio para poder alimentarme o comprar cualquier cosa que necesitase, ya que le indiqué que mi desayuno había sido en Villaviciosa.

Continúo mi caminar y ya a algo más de la mitad de mi descenso al valle, observo un buen lugar para hacer uso de mis víveres y degustar la maravillosa cerveza que gracias a la bonanza del clima, a estas horas de la mañana estaba hasta fresquita.

Dicho y hecho, a los pies de un hórreo, entre sus “pegollos” de sustentación, sitúo mi “mesa” con los víveres que transporto, un poco de lacón, algo de queso y jamón, un tomate y una cerveza, todo ello acompañado de un buen bollo de pan. Era la hora ideal, además pensando que la parte dura de la etapa se había superado, pues según mi información, desde Peón ya solo era un descenso gradual por carretera hasta llegar a Gijón. Así que a disfrutar del “banquetazo” y aligerar el peso de la mochila aunque mi peso corporal no variaría, pues los alimentos solo los cambiaba de ubicación.





Son las once de la mañana cuando con las fuerzas repuestas continuo mi descenso hacia Peón siempre con la visión de las flechas amarillas de señalización. Efectivamente, paso junto al bar, restaurante, hostal que José me había comentado y aquí otro de mis grandes errores de la etapa, debí descansar un poco, aunque hubiese sido acompañado de una menta poleo y cambiar impresiones sobre el desarrollo de la etapa y lo que aun me restaba, pero tan feliz y convencido estaba que continué con la ruta que la señalización “amarilla” me marcaba sin dar mas importancia.

Poco a poco voy observando que la señalización me va apartando del valle y me encamina por una senda boscosa que cada vez se va poniendo mas “violenta” tanto por el zigzagueo de su trazado como la dureza de la pendiente que se va incrementando. Es el mediodía, el calor se hace sentir, la digestión de lo consumido a los pies del hórreo me agobia y el peso de la mochila se hace notar, llego a pensar que me he confundido de camino, sin embargo las continuas flechas amarillas aseveran que voy la dirección y sentido ciertos.

Después de múltiples descansos, “descolgados” de la mochila y vueltas a la información de que disponía, estoy realmente desconcertado, no contaba con esta nueva “brutal” subida y pienso que me estaba afectando mas mental que físicamente, no llego a observar ni los paisajes, mi interés es salir de aquel camino infernal lo antes posible, pues mi desolación se incrementan a medida que no termino de ver el final, pero por suerte no pierdo la tranquilidad a pesar de mi estado de ánimo.





Por fin veo algo que en la lejanía se asimila a una carretera, efectivamente es una carretera asfaltada a la que me incorporo hacia la izquierda, según la señalización, (llego a pensar que por algún extraño motivo voy hacia Oviedo) y prácticamente a unos cientos de metros salgo a una nueva carretera, la AS-331, y veo los primeros síntomas de vida humana desde Peón.

Las primeras personas que encuentro, dos mujeres del lugar a la puerta de su vivienda, me confirman que estoy en el buen Camino y que acabo de coronar el Alto de Curbiello, y que a partir de aquí prácticamente es todo bajada hasta Gijón con amplias sendas muy bien señalizadas que me acortarán el itinerario y evitarán el transito por la carretera.





Mis fuerzas están disminuidas, es la primera vez que tengo esta sensación, vuelvo a insistir que el poder de la mente es inmenso, nunca asumí ni pensé que el penúltimo trayecto, antes de la bajada a Gijón, estaba enmascarado con este ascenso tan inesperado, realmente en dos kilómetros había superado una variación de nivel de 180 metros, casi como remate de etapa. Pienso que realmente se me había cortado la digestión de mi copioso desayuno.

Después de agradecer las palabras y la atención de las señoras que me informaron, entro en el único bar existente e intento con una bebida isotónica reactivar mi falta de energía, descansando unos momentos para intentar reponerme.

Inicio el descenso nuevamente, esta vez por carretera AS-331, durante un kilómetro, aquí el tráfico es algo mas intenso y sin apenas espacio para caminar, puesto que no hay arcenes, de manera que se agradece el desvío que aparece a la derecha y que me lleva por una amplia pista de tierra que al menos te suaviza el esfuerzo realizado hasta ahora, esta pista ya señalizada se llama Camino de Santiago.

Durante cinco largos kilómetros, a través de pistas y alguna que otra salida a carretera me voy aproximando a Gijón y definitivamente al llegar a la altura del camping Deva, decido descansar sobre la misma acera, en un cruce de calles frente al camping, aprovechando para felicitar telefónicamente a una amiga, hoy es su "cumple".

Pasados algo mas de quince minutos, observo que se aproxima una persona que resulta ser Jordi, que hoy “libró” de caminar y aunque en principio pensó hospedarse en el camping, posteriormente y dada la lejanía de la ciudad ha decidido hacerlo en Gijón.

Consecuentemente nos informamos de donde se podía tomar un autobús que nos llevase al centro de la ciudad y nos indicaron como punto más próximo la parada existente en la Universidad Laboral, así que nuevamente a caminar otro par de kilómetros.





Ya en Gijón, yo continuaba con el agotamiento físico que desde el ascenso al Alto del Infanzón no me abandonaba, así que definitivamente localicé un hotel, a través de la Oficina de Información Turística, que estuviese en las inmediaciones de la estación de Renfe y con precio para peregrino, con el fin de retornar a mi domicilio al día siguiente. Jordi ya tenía localizado alojamiento, así que nos despedimos hasta la tarde.

Para mi pesar, no pude disfrutar de la tarde en Gijón, ya que el agotamiento realmente se transformó en un corte de digestión que me obligó a permanecer toda la tarde en la habitación del hotel, aunque en principio no admitía ni líquidos, solo los expulsaba, ya al anochecer pude ingerir pacientemente alguna bebida isotónica y descansar hasta el día siguiente en que regresaría a casa.

Esta fue mi despedida temporal del Camino del Norte, que a pesar de mi experiencia final, ha merecido la pena plenamente en todos los aspectos y ahora, solo me queda el retornar a Gijón para finalizar en Santiago de Compostela, pero eso ya será en otro momento. Mi experiencia de esta última etapa me aconseja para futuras ocasiones pernoctar en Peón y al día siguiente realizar el tramo hasta Gijón incluyendo el área urbana.

¡¡¡Buen Camino!!!





Albergues de la Etapa:

Amandi:
-Albergue de Peregrinos La Ferrería
    Localización: La Ferrería, 1
    Propiedad y Gestión: Privada
    Tel.: (+34) 646 51 68 46
    Inaugurado en Septiembre de 2015



Gijón:
-Albergue El Peregrin
    Localización: Profesor Pérez Pimentel, 251 bajo
    Propiedad y Gestión: Privada
    Tel.: (+34) 652 76 76 01 / (+34) 637 99 34 43
    Inaugurado en 2015

-Albergue Juvenil San Andrés de Cornellana
    Localización: Calle Camino de los Caleros, s/n (Barrio de Contrueces, a las afueras de Gijón)
    Propiedad: Municipal; Gestión: Privada
    Tel.: (+34) 985 16 06 73

-Albergue de Peregrinos de Gijón
    Localización: Camín de la Pasadiella, 85 (a las afueras de Gijón en el recinto del Camping)
    Propiedad: Municipal; Gestión: Privada
    Tel.: (+34) 985 13 38 48
     Albergue desde 2010