EL CAMINO DEL NORTE (pulsar sobre cualquiera de las imágenes para ampliarlas)






Día 23º: El Valle - Avilés:



La etapa de hoy es bastante corta, pero tengo la intención de conocer Avilés y además no deseo forzar demasiado a mi propia naturaleza durante los primeros días hasta que no me habitúe a transportar el peso de la mochila, pues a pesar de mi preparación sigue siendo un “adosado” imprevisto para mi cuerpo.

Comienzo la mañana antes de que amanezca lo que me permite desayunar plácidamente en el propio alojamiento con los productos que Montse y su familia me han sorprendido delicadamente provisionando la cocina para este objetivo.

Inicio mi salida poco antes de las ocho de la mañana, el cielo está cubierto de nubes aunque espero que la lluvia respete mi corto recorrido y decido incorporarme al itinerario del Camino que tengo a escasos metros en lugar de continuar por esta carretera C-6, lo que me permite disfrutar del incomparable verdor de los prados a estas tempranas horas de esta mañana húmeda pero con una temperatura que te permite caminar con un frescor inigualable.





El trayecto es a través de una pista asfaltada y carente de cualquier tipo de tráfico rodado, lo que me invita realmente evadirme y dedicarme a la plena contemplación de la naturaleza con la única compañía de los animales pastando.





La naturaleza desborda vitalidad incluso en el marco que conforma en cualquiera de los puentes construidos como paso elevado en un cruce de caminos, presentando un tapizado natural con una frondosidad y belleza inimaginable.







En mi trayecto encuentro a una mujer acompañada de su perro que vive en un caserío próximo y aunque el animal no hace ningún gesto peligroso, sino todo lo contrario, intenta acercarse, olerme y “acompañarme”, ante lo que su dueña le requiere de forma inmediata mas yo le indico que no se preocupe, no me molesta en absoluto pues el animal es bastante cariñoso y solo desea continuar caminando a mi lado.

En esta compañía vislumbro a mi izquierda el edificio de una iglesia de proporciones importantes, además sin núcleos de población visibles en la inmediatez que justifiquen su existencia. Se trata de la Iglesia de San Juan Bautista de Tamón, parroquia a la que pertenece según aclara esta señora y que como es de imaginar habitualmente está cerrada.

Esta parroquia fue donada en el año 1150 por la reina Doña Urraca a la Catedral de Oviedo encontrándose ubicada junto al cruce de los antiguos Caminos Reales, de Gijón – Avilés y Luanco – Oviedo.







Casi frente al edificio de la Iglesia, en la otra margen del camino, existe una vivienda con un hórreo espectacular y en perfecto estado de conservación, pero para mi estupefacción aquí comienza el término de mi escapada “bucólica”, ya que detrás de tan preciada obra se observan las modernas instalaciones de las grandes industrias ubicadas en esta tierra con sus enormes torres que te trasladan inmediatamente a la realidad del lugar.







Casi inmediatamente bordeo un polígono industrial y siguendo las flechas amarillas del Camino mediante un paso subterráneo salvo la autovía A-8 para sin perder de vista las indicaciones tomo casi inmediatamente un desvío a la derecha que me conduce a otro paso subterráneo que soporta el paso de otro vial. La estructura de este sencillo paso subterráneo se encuentra reforzada mediante unos arcos de hierro que denotan el paso del tiempo.





Esta zona verdaderamente afectada por la existencia de polígonos industriales me obliga nuevamente a vadear otra nueva autovía a través de un nuevo paso subterráneo, lo que obliga a caminar con sumo cuidado parta evitar salirse del trayecto del Camino tomando el cercano desvío de la derecha que nos lleva durante unos centenares de metros bordeando la A-8 por su margen izquierda en dirección a Avilés. En este tramo hay que ser extremadamente precavidos, pues apenas unos doscientos metros, hay una carpintería y un posterior recodo a la derecha señalizado en el suelo con una marca amarilla (que de no apreciarla y continuar rectos nos conducirá a una senda sin asfaltar que nos llevará hacia el monte, en mi caso casi anduve dos kilómetros inútiles hasta que comprendí mi error) que nos encamina a un puente peatonal que nos traslada a la margen derecha de la autovía para así incorporarnos a la AS-19 (antigua carretera de Avilés) que nos conducirá hasta el núcleo urbano de Avilés.

Aunque ya prácticamente no cesarán las edificaciones, no debemos despreocuparnos del tráfico a pesar de ser considerada zona urbana, pero es bastante intenso.

Hasta el momento la climatología me ha respetado, pero el cielo está tomando un aspecto bastante preocupante, así que al llegar a Trasona no me quedó más remedio que hacer uso del pantalón chubasquero aunque hubo algunos momentos con cierta intensidad de la lluvia, no tuve necesidad aún de desempolvar la capa impermeable. Aprovecho para visitar exteriormente la Iglesia de San Vicente de Trasona, cuyo edificio actual fue construido en 1947 en el mismo solar que ocupó la antigua Iglesia objeto de destrucción durante la Guerra Civil Española.





En sus aledaños aún se conserva la Capilla de San Pelayo cuya construcción data del siglo XVII con algún añadido decorativo del siglo XVIII, en la que destaca en su parte exterior una portada adintelada y decorada con una de orejas al estilo barroco.







Al fin cesó la lluvia, pero ya sin desprenderme de mi pantalón chubasquero, continúo el caminar hacia Avilés lugar en el que hago mi entrada pasadas las once horas. Aún no es el mediodía, así que después de localizar el Albergue Pedro Solís, que así se denomina y que ocupa el espacio y construcción de las antiguas instalaciones del Cuartel de Bomberos una vez remodeladas, me encamino a visitar el centro de la ciudad que se encuentra muy próximo para así ubicarme e informarme en la Oficina de Turismo, puesto que lógicamente en estos momentos el albergue está cerrado.







En el trayecto que separa el albergue de la Plaza del Ayuntamiento tengo la suerte de coincidir con una persona que me sugiere el Camino apropiado para salir de Avilés sin necesidad de bajar hasta la ría, además de agradecer la información después de aclararle que estoy a la espera de que abran el albergue donde me alojaré puesto que es mi intención conocer en lo posible esta población durante el resto del día. Esta persona llamada Cesar, con suma amabilidad me informó de posibles lugares donde comer, en función de lo que me apeteciese, así como de la situación de la Oficina de Turismo hacia donde me encaminaba.







En la Oficina de Turismo recibí una atención exquisita, incluso intentando localizar un posible alojamiento en Soto del Barco del que tenía alguna referencia pero con el que no había conseguido contactar, asimismo me informan de aquellos lugares que debería conocer e incluso la posibilidad de visitar por la tarde el Centro Niemeyer que precisamente hoy tiene una visita guiada, gratuita y en español.

Todavía con mi mochila me encamino al citado Centro Niemeyer con el fin de reservar visita en el horario que mejor se me adecue, así que salvo la vía férrea a través de un puente elevado desde donde puedo dominar una magnifica panorámica de parte del Centro y la oportuna visita de una maravilloso trasatlántico.





Una vez gestionada la visita de la tarde intento conocer parte de mi entorno en el que se encuentra ubicado el Centro con sus distintos módulos en medio de la planicie en que se ubican como por ejemplo la principal sala de exposiciones y auditorio.





La lluvia continúa respetándome, así que con la colaboración de una persona consigo obtener una fotografía a los pies del trasatlántico, ya que el viento ha conseguido en varias ocasiones hacer rodar la cámara por los suelos incluido su mini trípode.







Regreso al albergue que ya se encuentra abierto, el hospitalero me informa de la distribución y ubicación de cada una de las facilidades que ofrece, así que después de inscribirme , elegir litera y asearme, pues soy el primer peregrino opto por descansar un rato y adaptarme a estar sin mi inseparable pareja: “la mochila”.

Cuando estoy decidido a marcharme para comer observo como sigilosamente ha entrado otro peregrino que resulta ser una chica coreana (del sur) a la que indico que soy un peregrino y no el hospitalero que en esos momentos no está localizable, así que con el inglés como único medio de entendimiento consigo explicarle las características del albergue y de inmediato eligió su litera y se dispuso a tomar posesión de ella. En esos momentos hizo acto de presencia el hospitalero a quien después de presentar a la nueva peregrina, decido definitivamente marcharme a comer una buena fabada.

La gran ventaja de estar casi en pleno centro de la ciudad me permite recorrer los posibles sitios donde por tomar mi ansiada fabada. Después de dar buena cuenta de una botella de sidra natural en la barra del mesón que tiene Casa Alvarín es aquí donde sin más dilación pasar al comedor.







Después de una copiosa y buena fabada de almejas, un excelente lomo de bacalao y un flan de postre, pienso que di cumplida cuenta de la comida con una aceptable calidad precio, aunque no habitual para un peregrino, pero la excepción debe confirmar la regla.

De regreso al albergue para descansar en tanto se aproxima la hora de visita al Centro Niemeyer, me encuentro con la chica coreana, mochila a la espalda, que junto a un amigo con quien ha coincidido, han decidido avanzar una etapa hasta Soto de Luiña pero por medios mecanizados, así que después de una breve conversación nos despedimos y ¡¡Buen Camino!!

Próxima la hora concertada para visitar el Centro Niemeyer, me dirijo hacia el mismo y todo lo que no me había llovido hasta la fecha lo hizo en forma de tormenta en el momento en que estaba situado en el paso elevado que salva la vía del ferrocarril para acceder al Centro y sin posibilidad de guarecerme en ningún sitio, me puse totalmente empapado aunque durante la visita conseguí que al menos se me secase el pantalón.







De este Centro Niemeyer es digno de resaltar su singular diseño y la armonía entre el conjunto de los diferentes módulos que lo componen en medio de la inmensa superficie que ocupa, lo que ha repercutido positivamente en la urbanización y acondicionamiento de una zona industrial de la ciudad como lugar de ocio y recreo. Esta ciudad, con un gran poder industrial y una población que supera los 80.000 habitantes, además de este símbolo de modernidad diseñado por el arquitecto brasileño Oscar Niemeyer, posee una riqueza monumental más que respetable. Dada la brevedad de mi visita puedo destacar entre los variados monumentos existentes aquellos que al menos he podido apreciar aunque solo fuese exteriormente. -La Iglesia de los Padres Franciscanos, es el edificio de mayor antigüedad de Avilés hasta hoy conservado y que data de los siglos XII y XIII. Destaca su portada principal y fachada original corresponde al estilo románico.





-La Iglesia de San Nicolás de Bari, antiguo convento de la comunidad franciscana y aunque a lo largo de los siglos ha sufrido numerosas modificaciones, se considera como auténtico el pórtico de la fachada norte, de estilo progótico.





-Palacio del Ayuntamiento, se construyó en el siglo XVIII y es el primer edificio noble levantado fuera de la ciudad amurallada, lo que desde el punto de visto urbanístico supuso un gran avance para Avilés, denominándose a este crecimiento urbano como el “ensanche barroco”.





-Iglesia de Santo Tomás de Cantorbery es consecuencia de un ambicioso proyecto del arquitecto Luís Bellido González, asentándose en el solar del desaparecido Convento de La Merced, cuya construcción se inició en 1896 y se consagró en 1903.







Después del recorrido monumental de la ciudad, localizo uno de los muchos supermercados existentes y próximos al albergue para abastecerme de algunos alimentos con los que realizar una ligera merienda cena en el propio albergue.

Finalmente somos cinco los peregrinos que pernoctaremos en el albergue y tenemos la suerte de coincidir en la sala/comedor/recepción existente, mientras degustamos nuestras respectivas viandas, lo que nos permite un breve pero enriquecedor conocimiento y de lo que hago una breve reseña a continuación.

Un chico de Portugalete que lleva las fechas cerradas y un programa a intentar cumplir, otra persona de Barcelona que tiene como objetivo continuar hasta Portugal celebrando que este albergue correspondiese a la antigua sede del Parque de Bomberos ya que él, en su época de actividad laboral, perteneció al cuerpo de bomberos en su ciudad. Las otras dos personas eran dos chicas suecas que tenían previsto marcharse en avión al día siguiente y que gracias a los buenos oficios del hospitalero que consiguió localizar y gestionar un taxi para su traslado de madrugada al aeropuerto, por lo que le quedaron plenamente agradecidas.

Son algo más de las veintidós horas cuando definitivamente nos vamos retirando a ocupar nuestras respectivas literas y damos por finalizado el día.





Albergues de la Etapa:

Avilés:
-Albergue de Peregrinos Pedro Solís
    Localización: Avenida de Cervantes, esq. Rivero (entrada también por calle Gutiérrez Herrero 4)
    Propiedad: Municipal; Gestión: Asociación Astur-Galaica Santiago Apostol
    Tel.: (+34) 985 54 76 38 / (+34) 985 12 21 00 / (+34) 669 30 26 76
    Remodelado en 2011