EL CAMINO DEL NORTE (pulsar sobre cualquiera de las imágenes para ampliarlas)






Día 25º: El Pito (Cudillero) - Santa Marina:



Como es habitual comienzo la jornada antes de amanecer, además teniendo la posibilidad de desayunar en el propio alojamiento me permito una forma más relajada de iniciar la jornada.

Con las primeras luces del alba voy al encuentro de la N-632. Todavía en El Pito, observo la inmensidad de unos jardines con un precioso edificio al fondo, todo ello dentro de un recinto perfectamente acotado, resulta ser el Palacio La Quinta , perteneciente a la Fundación Selgas-Fagalde, cuyo aspecto exterior encaja en la mejor tradición de la villa italiana del siglo XVI.





Ya en plena carretera, el primer núcleo urbano es San Juan de Piñera, que justamente queda a mi derecha hasta continuar entrando en el término de Las Dueñas y pasar por la intersección de la vía procedente de Cudillero.

Por el término de Rellayo, vuelvo a “tocar” la costa con unas vistas maravillosas de la playa Concha de Artedo a la que se accede a través de Lamuño.





La climatología continúa estabilizada con una temperatura apropiada para caminar lo que sigue siendo un hecho insólito después de escuchar las previsiones que amenazan constantemente con perturbaciones atmosféricas.

Antes de llegar a Artedo y al borde de la carretera como en otras épocas era habitual, existe una edificación que pertenecía a los denominados “Peones Camineros”, estas eran personas que se encargaban del mantenimiento del tramo de carretera que tenía asignado, especialmente cuidando el bacheado, tengamos en cuenta que la época a que me refiero puede encuadrarse en la década de los 50 y 60 del siglo XX, en la que incluso la mayor parte de las carreteras no estaban asfaltadas.







Continúo mi caminar desde Artedo hasta San Martín de Luiña, bonita población con singulares construcciones que denotan el carácter indiano de su arquitectura, posiblemente de nativos que han regresado a su tierra después de “hacer” las Américas.







La carretera se hace pesada pero sin cesar en el andar entro en una nueva población que dispone de toda clase de servicios, incluido Albergue de Peregrinos ubicado en la sede de las antiguas escuelas, se trata de Soto de Luiña.







Son algo más de las diez de la mañana, por lo que aprovecho para descansar en la plaza, junto a la Iglesia de Santa María, reponiendo fuerzas con algunos de los frutos secos que llevo como alimento.





Mientras pasan los minutos y observando la Iglesia exteriormente que lógicamente a estas horas se encuentra cerrada, aprecio como una persona se aproxima a ella y abre la puerta para acceder, ante esta oportunidad y después de saludarle solicito poder sellar la credencial, hecho que realiza con total amabilidad permitiéndome la entrada en la iglesia, cuya construcción data del siglo XVIII, a la que realizo una breve visita. Los oficios religiosos comienzan a las once y treinta horas, por lo que decido continuar mi camino al menos hasta Santa Marina, lugar que me han sugerido como posible alojamiento, puesto que el Hotel Casa Fernando de Ballota habitualmente en esta época permanece cerrado y era el lugar en que inicialmente había pensado finalizar la etapa.





Entre Albuerne y Novellana, que serán las siguientes poblaciones de paso, el clima y sus campos hacen verdaderas filigranas en los taludes recubiertos de una flora variada como un tapiz multicolor.







Ya en Novellana, decido tomar algún alimento más sólido, pues la mañana avanza y aún me quedan kilómetros. En el bar el Roxu disfruto de una cerveza con algo de tapeo y de la amabilidad de la persona que lo regenta, aquí me reafirmo en finalizar la etapa en Santa Marina aunque siguiendo los buenos consejos de esta chica realizaré un pequeño desvío para al menos contemplar desde los acantilados la playa del Silencio, de manera que al llegar a Castañeras dejo mi ruta por unos kilómetros.







El lugar es paradisiaco, a pesar de la leve llovizna que comienza a caer y que a su vez te hace sentirte en tierras asturianas con mayor intensidad. De retorno a mi camino original, charlo con un paisano que estaba sentado en la misma calle bajo su balcón, hecho que le permitía disfrutar del día sin sentir este “orballo” que ameniza el mediodía.

El Camino continúa a la misma puerta de la casa de este nativo y se interna en descenso hacia el monte, pero me sugiere continuar por carretera porque las bajadas de agua a través del monte hacen imposible cruzar la vaguada, situación que ya vivieron algunos peregrinos en el día de ayer, por lo que hubieron de regresar sobre sus pasos. Así que más vale escuchar y seguir estos buenos consejos por lo que retorno a “mi” N-632.

Entre otras de las sugerencias que me hicieron en el bar El Roxu, era visitar Cabo Vidio, pero su situación ya dista bastantes kilómetros de mi ubicación actual y hubiese sido conveniente estudiar el recorrido con suficiente antelación, pues ahora necesitaría volver atrás y desviarme algo más de ocho kilómetros.

De todas formas el recorrido sigue siendo fastuoso hasta incluso siguiendo el curso de la propia carretera, con los continuos ascensos y descensos entre endiabladas curvas que van permitiendo transitar por unos terrenos tan escarpados.







Son algo más de las catorce horas cuando entro Santa Marina y como único objetivo localizar la Pensión Gayo que debe encontrarse en la misma carretera, como efectivamente descubrí a mi derecha.

Aquí tuve la suerte de conocer a Charo, un encanto de persona que con su dulzura y amabilidad me acompañó al alojamiento que estaba justo frente al bar – restaurante en que encontraba y del que también era propietaria. Ante mi pregunta sobre horario para comer, me sugirió que me acomodase tranquilamente y cuando me apeteciese ella misma me atendería en el comedor sin limitación de horario.

Mi alojamiento se ubicaba en un edificio de reciente construcción, en una habitación con dos camas que disponía de todas las comodidades dentro de su sencillez, calefacción, televisión y baño completo, con una ventana a través de la que se respiraba la paz y tranquilidad del lugar.





De regreso al restaurante, Charo me situó en la terraza comedor cubierta y en la soledad del peregrino pero con el cariño y la amabilidad de su propietaria, me obsequia con una excelente fabada a la que no me pude resistir y tomé dos platos impresionantes. Mi cuerpo lo agradeció después de los kilómetros recorridos.





Cuando creí dar por terminado el banquete, Charo me vuelve sorprender con un delicioso pollo asado con salsa, patatas y un pimiento morrón, no pude negarme (lo reconozco, soy débil) y terminé dando buena cuenta de la enorme bandeja repleta de tan sabroso manjar, así como de un posterior postre e infusión, finalizando con un buen chupito de orujo. Desde aquí directamente a reposar la tarde en mí tranquila habitación.







Después de dedicar un tiempo a las tareas propias del peregrino (lavar ropa, preparar mochila y otros menesteres), son las veintiuna horas y nuevamente regresé a la “cocina” de Charo, la cena fue mucho más suave y como a mediodía le indiqué que me agradaban los caldos y las sopas, mis pensamientos se convirtieron en realidad degustando una exquisita sopa que solo con olerla, alimentaba….

Ya entrada la noche y después de haber compartido el ambiente que se vivía en el bar con la presencia de los habituales del lugar, decidí retirarme a descansar, no sin antes despedirme de Charo agradeciendo tanta atención y maravillosa acogida, personas así “hacen el Camino” y es difícil que un peregrino se olvide de ellas. ¡¡Gracias Charo!!





Albergues/Alojamientos de la Etapa:

Santa Marina:
-Pensión Prada (Bar Gayo)
    Localización: Carretera nacional 632, Santa Marina.
    Propiedad y Gestión: Privada
    Tel.: (+34) 985 598 184 (+34) 671 951 716