EL CAMINO DEL NORTE (pulsar sobre cualquiera de las imágenes para ampliarlas)






Día 27º: Luarca - Navia:



El recorrido de hoy no tiene mayor inconveniente que la interminable carretera pero mi intención es pernoctar en Navia puesto que el albergue inmediato está en Piñera y lo considero demasiado próximo. Intento salir antes de que aparezcan las primeras luces del alba y desayunar aún de noche en Luarca.

En la propia vía de salida de la población localizo el café bar Avenida que ya tiene sus puertas abiertas, así que no hay nada mejor que comenzar la mañana con un buen café con leche caliente y algo que le acompañe.

Comienza una prolongada subida que se mantiene durante algo más de dos kilómetros y a cuyo término me incorporo a la ya familiar carretera N-632.

A continuación me enfrento a una inmensa recta que con casi seis kilómetros me irá alejando de Luarca, aunque las edificaciones son bastante frecuentes en los aledaños de la carretera como por ejemplo y casi de manera inmediata una iglesia de volúmenes importantes, se trata de la Parroquia de Santiago de Arriba, que con su estilo historicista sustituye a principios del siglo XX a la que existía en Outiro y de la que ya se tenían noticias en el siglo X, la que por suerte, a pesar de su abandono para el culto, aún se conserva su pecio con sus ruinas rehabilitadas y mantenidas, al menos despejadas y libres de maleza.





Así va trascurriendo mi caminar tranquilo acompasado por la poca existencia de tráfico rodado, de esta manera por tierras de Pontigas llego a Otur en la que una bonita edificación solariega me sorprende por su belleza y cuidadas formas, con sus rasgos indianos, se trata de Villa Rosita que perteneció a Antonio García Fernández, oriundo de Otur que hizo fortuna en Rosario (Argentina), rememorando la casa el nombre de su esposa.





Inmediata mente y en la zona de la izquierda existe otro edificio de carácter religioso de estilo también historicista y que corresponde a la Iglesia de San Bartolomé de Otur.







La carretera sigue circundada por hoteles y restaurantes, finaliza la recta nada más abandonar Otur, así que aprovecho para descansar durante unos minutos en una verde parcela acondicionada como zona de descanso, a la vez que tomo alguno de los frutos secos que llevo.







Poco a poco me voy aproximando a mi destino, Navia, pero nuevamente la visión próxima del mar transforma el panorama y cada vez te hace añorar más su lejanía, no puedo olvidar que desde Irún prácticamente ha sido la mejor compañía que he podido tener salvo contadas incursiones al interior por lo que aún te produce más morriña su ausencia, está fusión de la tierra con el mar y la soledad en el caminar es algo que produce unas sensaciones tan indescriptibles como el propio mar Cantábrico.







En estas reflexiones recibo una llamada de mi amigo Carlos que desde su domicilio madrileño, al conocer donde me hallo, me incita a visitar Puerto de Vega para que allí deguste unos maravillosos chipirones encebollados que aún guarda en su memoria de una de las visitas realizadas por estas costas.

Analizo el recorrido y me supone un desvío de varios kilómetros, pero aún no son las once de la mañana y el tiempo acompaña, así redirijo mis pasos a la nueva ruta. En el itinerario, mucho más relajado y sin tráfico alguno, paso por una pequeña localidad llamada Tox en la que puedo admirar exteriormente el Palacio de ese nombre, actualmente un edificio de propiedad privada cuya construcción se inició en el siglo XVI y finalizó a finales del siglo XVIII. Casi en el término de la Edad Media se edificaron torres defensivas aunque algunas de ellas tenían carácter residencial. En siglos posteriores se fueron adosando viviendas y otros edificios.





Apenas un kilómetro más y llego a Santa Marina (no es la primera población con este nombre) desde donde realmente ya no volverán a interrumpirse las edificaciones hasta que desemboque en el propio puerto de Puerto de Vega. No obstante nada más entrar en Santa Marina ya en bajada hacia el mar se encuentra la Iglesia de Santa Marina, considerada como la catedral del barroco rural asturiano, levantada en el siglo XVIII sobre las ruinas de un templo gótico y un monasterio aún anterior. Como es habitual tampoco pude conocer su interior por encontrarse cerrada.





En las proximidades de la iglesia y en contraste con el color azulado del Cantábrico se encuentra el monumento al III Marqués de Santa Cruz de Marcenado, D. Álvaro Navia Osorio y Vigil, natural de Puerto de Vega.







Aún no es mediodía y ya me encuentro en Puerto de Vega descendiendo por la empinada calle que finaliza en su coqueto y recogido puerto al abrigo de la fiereza de este fantástico mar.







Este pintoresco pueblo de la costa asturiana en el que conviven el caserío típico marinero con las casas solariegas de los nativos retornados de América y los edificios modernos en torno al puerto pesquero que durante los siglos XVII y XVIII fue puerto ballenero. Hacia 1586 se levantó el Baluarte para defenderse de los piratas con murallas y cañones protegiendo la entrada del puerto de los que hoy se conservan dos antiguos cañones y un fragmento de la muralla.







Después de mi visita al puerto, localicé el lugar apropiado para degustar los afamados “chipirones de Carlos” a pesar de lo temprano de la hora, se llama La Cofradía, aprovechando para hacer un fuerte pero tardío desayuno y a la vez temprana comida, con una deliciosa sopa de picadillo y unos chipirones encebollados con una cerveza y un buen vino blanco que bien merecieron “mi rodeo” kilométrico acompañado de mi inseparable mochila.





Reinicio la marcha ascendiendo del puerto hasta llegar al Museo Etnográfico Juan Pérez Villamil (en memoria del paisano que realizó el heroico gesto durante la invasión francesa redactando el Bando de Móstoles que une a los españoles en la lucha por la libertad) aprovechando de la amabilidad de la persona responsable de la Biblioteca Municipal enclavada en el mismo edificio para sellar la credencial con el cuño de “Fundación Amigos de la Historia”.

A través de la carretera local NV-2 tomo dirección a Navia. Aunque es necesario caminar con bastante precaución debido a la confianza con la que circulan los vehículos por estas vías poco transitadas, pero apreciando bellas imágenes de los prados y las vacas pastando en ellos como enmarcadas en un cuadro.





Son prácticamente las tres de la tarde cuando llego a Navia y después de contactar telefónicamente con el Hotel Arconavia para reservar alojamiento me encamino hacia el centro de la población lugar en que se halla.

Una vez alojado y acomodado dedico a descansar un buen tiempo y contacto con un amigo de Carlos, Juan, natural de Navia y promotor inicial de los “chipirones encebollados” con quien quedo citado a última hora de la tarde para dar una vuelta por Navia.

Parte de la tarde la aprovecho para el lavado de mis pertrechos que ya se resienten con el paso de los días y la disminución de ropa limpia disponible, así que no queda más remedio.

El apartarme de la ruta de los albergues me ocasiona casi el aislamiento de la vida del Camino, máxime en el Camino del Norte y en esta época en que la afluencia de peregrinos es mínima, pero ya va faltando menos para entrar en Galicia y las previsiones iniciales, salvo excepciones es ir recalando en albergues.

A última hora decido salir a hacer unas compras y de camino visitar algunas zonas de la población tales como la plaza del Ayuntamiento, lugar en el que se encuentra la sede del mismo en un edificio cuya obra se sitúa en el siglo XIX según consta en el reloj con una inscripción de 1885 en que se hace referencia a su uso como casa de la Villa.







En las proximidades se encuentra la iglesia de Nuestra Señora de la Barca inaugurada en 1895 y que sustituyó a la arruinada iglesia medieval de estilo gótico (siglo XIV). La actual construcción es de estilo neogótico.





Regreso al Hotel hasta la llegada del amigo Juan, excelente persona y “cicerone”, recorrimos una parte de la ría de la que me relató su fascinante historia y adecuación a la estructura actual. La simple contemplación de la misma a estas horas trasmite una dulce calma y serenidad. La tonalidad azulada de sus aguas solo se ve interrumpida al fondo por la ruptura de las olas en la bocana de la ría.





Con una población de 4000 personas cuya vida económica depende básicamente de la industria láctea, la producción de celulosa y el astillero dedicado a construcción de barcos de pesca con la tecnología más avanzada. Existe un esperanzador renacimiento de la pesquería y sector ganadero, gracias al auge de la cabaña ganadera como a las políticas desarrollistas vinculadas a la explotación del percebe.







A continuación Juan me obsequió con una exquisita visita gastronómica en lugares de raigambre naviega, un excepcional cierre del día que debo agradecer a su amabilidad y excelente compañía. ¡¡Gracias Juan…!!

Hay que retirarse a descansar, aunque la noche augura un siguiente día sin lluvia no parece ser que se mantenga libre de los vientos oceánicos.





Albergues/Alojamientos de la Etapa:

Piñera:
-Albergue de Peregrinos de Piñera
    Localización: Piñera s/n (junto a la N-634 e iglesia)
    Propiedad y Gestión: Municipal
    Tel.: (+34) 985 630 094 / (+34) 679 363 810 (Mº Pilar)
    Aconsejable pasar previamente por casa de Mª Pilar para registro y credencial (entrada del pueblo)



Navia:
-Hotel ArcoNavia
    Localización: Calle San Francisco, 2,
    Propiedad y Gestión: Privada
    Tel.: (+34) 985 47 34 95 / (+34) 619 36 76 91