EL CAMINO DEL NORTE (pulsar sobre cualquiera de las imágenes para ampliarlas)






Día 34º: Vilalba - Baamonde:



Comienzo la mañana muy temprano, pasadas las siete horas ya me encuentro desayunando en un bar próximo al Hostal Anduriña, ¡¡aquí veo que también madrugan!! La mañana climatológicamente hablando es ideal, una temperatura fresquita con total ausencia de nubes, ¡¡hay que ir abrigado!! y solo estoy a 123 kilómetros de Santiago.

Me encamino hacia la Plaza de Santa María junto a la Torre del Homenaje del Castillo de los Andrade y a las puertas de la iglesia de Santa María para tomar la calle Ferrería que me llevará hasta una senda que bordea la población por su lado oeste a través de la Travesía del Matadero. Por cierto, nada más comenzar esta senda existen unas viviendas a mano izquierda que poseen al menos un perro que te sobresalta con sus ladridos casi a la altura de mi cabeza aunque no le veas, lo que aún te agobia más, ya que “ni lo ves, ni lo esperas”.

Todavía moja el rocío depositado sobre las hierbas de la senda que conduce hasta la planta depuradora de aguas y que me llevará descendiendo hasta cruzar el río Magdalena. Al dejar atrás su cauce en la lejanía todavía blanquea la escarcha de la mañana.





Aquí comienza una subida por caminos de tierra entre casas de labranza que se hayan diseminadas por la zona.





Por estos camino se nota la huella de las recientes y permanentes lluvias que durante largo tiempo han estado descargando por estas tierras, hay momentos en que es necesario abandonar la senda para poder vadear los enormes charcos existentes.







Ya con casi seis kilómetros en mi andar mañanero, hago una breve pausa en estos campos gallegos llenos de riqueza agrícola y ganadera, aunque algunos restos de edificaciones rememoren la dureza de las faenas del campo y la morada permanentes de sus habitantes en el total aislamiento.







Algo más de un kilómetro y desemboco en la N-634 en San Xoan de Alba frente a su iglesia y cementerio neogótico tan tradicional por estas tierras.







Aquí en esta breve incorporación durante unos metros a la carretera, hay que continuar por la derecha evitando caer en el error al que te induce una señalización existente enfrente junto a l cementerio, pues en mi caso entendí que había que cruzar perpendicularmente la carretera y continuar el desvío existente. Debo agradecer las voces e indicaciones de un paisano al que su perro alertó de mi paso y me indicó la dirección correcta de mi marcha, al parecer no era el único peregrino que cometía este error según las múltiples ocasiones en que nos había tenido que advertir. Salvado este obstáculo la señalización está clara, dejando atrás en apenas unos metros el cementerio y las viviendas aledañas hasta tomar el desvío apropiado.





Ahora se continúa por pistas y sendas que discurren casi de forma paralela a la N-634 pero lo suficientemente alejadas para no tener conocimiento de su existencia. Son las diez de la mañana cuando opto por otro breve descanso y tomar algo de alimento, en este caso utilizo mis frutos secos y demás complementos que trasporto, aprovechando unos pequeños asientos adosados a una vivienda y la tranquilidad de la mañana.





El Camino me devuelve de nuevo a la eterna carretera N-634 que en esta ocasión cruzo casi perpendicularmente de acuerdo con las indicaciones que me llevan a través de sendas boscosas ahora por la vertiente izquierda de la carretera hasta que después de unos setecientos la senda gira hacia la derecha buscando nuevamente la N-634, pero este corto descenso lo realizo a través de un interminable reguero de piedras y agua que hace que me acuerde de no haber utilizado la carretera a la que finalmente desemboco entre varias edificaciones, correspondiendo una de ellas a un coqueto bar con buena presencia llamado Casa Alejandro y que hubiera sido apropiado para tomar mi acostumbrada ración de primeras horas de la mañana.







Nada más cruzar la carretera existe un mojón de señalización con su vieira que me encamina a una nueva senda, exactamente el citado mojón marca el P.K. 112,412 hasta Santiago.







Hasta el momento continuo por el recorrido “formal” de la etapa que debe suponer alrededor de veinte kilómetros. Después de pasar por debajo de la autovía esta senda me conduce hasta el Puente de Saa que salva el cauce del río Labrada. Esta construcción de la época medieval ha sido restaurada y constituía el camino natural desde Vilalba a Parga y Sobrado dos Monxes, dispone de un arco central y aliviadero lateral para épocas en que el caudal de sus aguas así lo necesite.







Nada más cruzar el puente hay un grupo de viviendas por las que me lleva la señalización del Camino para internarme en el monte, pero en este caso la prudencia me aconseja consultar el itinerario a una paisana que afanosamente se dedica a las labores agrícolas de su parcela y me indica que es tal la cantidad de agua que ha caído en estos días que el monte está intransitable, aconsejándome tomar el desvío anterior y después de pasar bajo la autovía para incorporarme a la N-634.





Todo un acierto porque ya en carretera coincido con una peregrina francesa que me narra sus desventuras por la zona por la que acaba de transitar, con las sendas totalmente encharcadas ya que viene de regreso de Santiago con lo cual la señalización aún se le complica mucho más, ya que tiene que interpretarla y localizarla al contrario de su sentido natural, de ahí mi sugerencia para que continúe por carretera hasta Vilalba. Así que a mi izquierda dejo los verdes campos de Lamela con su cosecha de berzas a mi paso por Pigara.





Después de dos kilómetros de carretera vuelvo a abandonarla para retomar el recorrido “formal” hacia Ferreira.







Durante otros dos kilómetros por caminos y sendas que me permiten contemplar las casas de labranza de la zona de Ferreira.







De nuevo me incorporo a la N-634 durante los últimos kilómetros que me separan de Baamonde evitando el rodeo de algo más de un kilómetro por el que te direccionan con el fin de evitar las dos rotondas existentes para acceder a la población por encima de las cuales transita la autovía, de ahí este insospechado rodeo al que te someten con el fin de poder pasar por el único paso subterráneo por el que se salva la citada autovía, creo que es demasiado para un final de etapa.

Hago mi entrada en Baamonde a través de la Avenida Terra Cha y a la altura del número 9 se encuentra el albergue, punto final de la etapa de hoy.







La sencilla fachada con un gran portalón verde y la verja por la que se accede al jardín no son imágenes representativas de su maravilloso interior con la parcela de césped y su pasaje cubierto que hacen la delicia del peregrino en cualquier época del año.





En cuanto al interior, además de su amplitud con una capacidad próxima a las cien plazas contabilizando el anexo del interior de la parcela, dispone de una cocina completamente equipada, calefacción y un gran salón comedor equipado con mesas resaltando al fondo su bonita cocina de leña con sofás para zona de descanso.





Soy el primer peregrino en llegar y me asignan una habitación con dos literas en la planta baja, todo un lujo para mí solo, máxime si tenemos en cuenta que esta noche solo estaremos alojados cuatro peregrinos en total.

Me intereso por lugares a visitar y recibo cumplida información de la persona que sustituye a la hospitalera habitual que con su amabilidad y buen hacer consigue que el peregrino se encuentre en un entorno familiar.

Así que después de realizar un rápido recorrido por la población llego hasta las puertas de la vivienda museo del escultor Víctor Corral.





Como se acerca la hora de comer y la Casa do Labrego está prácticamente junto al museo, decido entrar y tomo una cerveza acompañada de una sensacional tapa de jamón, aprovechando pata preguntar si disponen de menú o carta, después de la consulta que realizan en la cocina se me informa que el menú es por la noche, así que decido cambiar de sitio.

De retorno hacia el albergue, paso por la puerta del Restaurante Galicia donde después de saborear una cerveza en la barra y contemplar la exposición de esculturas expuestas del artista local, me informan que disponen de menú y carta por lo que definitivamente considero que es el lugar idóneo para comer. Entre su amplio menú me decido por un buen caldo gallego y un raixo con tomate, postre, infusión y un licor. Merecía la pena el lugar y el precio de peregrino en un lugar con encanto.







Después de un breve descanso en el albergue al que ya han llegado mis conocidos compañeros de Camino, Jorge (el alemán) y la pareja también alemana compuesta por Wolfgan y Katharina, ¡¡ya estamos todos!! pues me había desconectado en Vilalba al no haber pernoctado en su albergue.

Aprovecho la tarde para visitar el exterior de la Iglesia Parroquial de Santiago, situada en un alto junto a la antigua carretera N-VI que por aquí discurre, cuya nave es del siglo XII y la capilla del siglo XV. La parte románica acusa la influencia de los peregrinos a Santiago.





En la parcela en que la iglesia se encuentra situada existe un trio de cruceiros del siglo XVIII y un gran castaño llamado “árbol de la vida” en cuyo interior ahuecado se ha esculpido la imagen de la Virgen del Rosario, lógicamente obra del artista local.







Desde aquí me encamino a la Casa Museo de Víctor Corral Castro, cuya puerta de acceso al jardín está entreabierta y de acuerdo con las indicaciones recibidas debo entrar sin necesidad de llamar, así que paso a un mundo abierto a la imaginación y a la belleza de las obras creadas por Víctor y que para el exterior las ha realizado en granito, bronce y otros materiales no perecederos, sirva como ejemplo el “palomar” realizado con piedras y minerales de casi todo el mundo.







Encontrándome absorto en la contemplación de las muchas y diferentes obras existentes detecto el sonido de unos pasos y observo como una persona coqueta y aseada de pelo cano con sus gestos me invita a traspasar el umbral de su casa. Resulta ser el artista Víctor Corral Castro. Después de presentarnos me invitó a recorrer la exposición interior y su propio taller, en este lugar se exponen las obras más delicadas de marfil, madera, bronce, miniaturas y dibujos, recibiendo todo tipo de explicaciones y comentarios sobre la elaboración de sus obras, significado y la dispersión de las mismas a lo largo y ancho de todo el orbe. Después de algo más de una hora de agradable visita regresamos al jardín donde me mostró su completa obra de la Capilla totalmente diseñada y construida por él, explicándome la diversidad de materiales utilizados. En la parte alta del jardín junto a la capilla ha esculpido un asiento “ergonómico” especialmente diseñado para una total adaptación del cuerpo del artista desde el que se puede contemplar una vista maravillosa desde esta atalaya privilegiada. Tuve el placer de disfrutar de este espectáculo desde el “regio” asiento.







Finalmente tuve el honor de posar en su compañía en la escalera de acceso a su “Capilla” desde donde me despedí agradeciendo tanta atención por parte de una excepcional persona que además es un artista.







Impresionado por la visita efectuada y la grandeza de la obra de este excepcional artista que ya desde su más tierna infancia en el seno de una humilde familia de once hermanos se dedicaba a realizar tallas de madera en el campo mientras cuidaba de los animales ¡¡Así fueron sus inicios…!!

Siguiendo su consejo me encaminé hacia la cuenca por la que discurre el río Parga a unos escasos cientos de metros de la población y después del paso subterráneo que salva la vía del tren, encuentro una zona de recreo y descanso a las orilla del citado río que permite hasta utilizarlo como pequeña playa durante el verano.







De regreso al albergue aproveché para comprar algún alimento para la noche y llevar al menos unos víveres para el día siguiente, pues aunque mi objetivo sería hacer noche en Miraz siendo una etapa bastante corta, siempre prefiero llevar algo para alimentarme evitando imprevistos aunque existen varios puntos intermedios donde poder comer algo e incluso en el propio Miraz existe un bar según me han informado en el albergue. Aprovecho todavía para hacer “la colada” y disfrutar de la parcela, compartiendo un rato con Jorge al que informé de la visita realizada al museo de Víctor Corral y el maravilloso menú degustado en el Restaurante Galicia. Una vez que el sol se ha puesto comienza a sentirse la bajada de la temperatura por lo que muy amablemente la hospitalera se ofreció a dejarnos encendidos algunos radiadores de la planta baja, lo que me permitió disfrutar de la cena en el salón comedor en compañía de Jorge hasta bien entrada la noche. Llegada una hora prudencial me retiré a mi sencilla y coqueta habitación de dos literas para disfrutar de un merecido descanso.











Albergues de la Etapa:

Baamonde:
-Albergue de Peregrinos de Baamonde
    Localización: Carretera de Vilalba, 9
    Propiedad y Gestión: Xunta de Galicia
    Antigua cochera de carruajes rehabilitada como albergue en el año 2000