Camino Primitivo (pulsar sobre cualquiera de las imágenes para ampliarlas)






Día 4º: Cornellana - Tineo:



Inicio la jornada a mi hora habitual, es decir a las 06:45 horas, pues hay que tener en cuenta que en esta época el amanecer es tardío, no antes de las 08:17 horas, pero me agrada prepararme pacientemente y anticiparme al movimiento del resto de los peregrinos, por lo que una vez aseado intento encaminarme a alguna sala que me permita finalizar la preparación de la mochila sin molestar al resto de los peregrinos.

Todavía de noche me permito el lujo de admirar la grandiosidad del de la fachada principal del Monasterio y seguidamente ya con las primeras luces inicio mi caminar.





Las obras de la autovía han obligado a variar el trazado y dar un pequeño rodeo por lo que debo bordear la fachada de la iglesia y seguir la carreta asfaltada hasta el primer desvío a la derecha que indica la dirección en ascenso hacia Sobrerriba, desde ya con plena luz del día puedo observar la en la lejanía del valle a Cornellana.





Después de 1,5 km, en Sobrerriba, se toma un desvío señalizado a la derecha por mojón con vieira e iniciamos el camino por una senda a través de una bonita zona boscosa durante algo menos de 2 km.







Finalmente desembocamos en unas enormes canteras muy ricas en sílice que bordeamos por su parte central, la imagen es espectacular debido a las enormes cantidades que se acumulan de este material para su tratamiento y distribución.







Como continuidad de la cantera se accede a la pequeña población de Llamas que se cruza por camino asfaltado y me llama la atención un curioso cartel exhibido en diversos puntos públicamente denunciando el robo de fabas y que dice lo siguiente: “¡Atención! A todos los vecinos dela zona, algún/a caradura anda robando en cosechas ajenas. El que quiera vainas o fabas que las plante o que las pague. Sabemos quién es porque los gochos no usan MADREÑAS!!!”

Proliferan los hórreos y paneras dada la actividad agrícola de la zona destacando un palomar cilíndrico ya en desuso.







Continúo avanzando por una pequeña carretera que poco a poco va perdiendo su piso asfaltado, así hasta que después de una pequeña recta doy vista a la población de Quintana que se queda sobre una leve colina a la izquierda del camino destacando sobre manera la coqueta iglesia con una espadaña que soporta a tres campanas.





En el mismo cruce en el que se encuentra el desvío hacia Quintana, encontramos la Fuente de Santiago que con su pequeña balsa y una zona de descanso siempre puede hacer las delicias de un peregrino.





Aunque estuve tentado por hacer mi primer descanso del día pero decidí continuar algo más, así que cuando todavía no son las diez de la mañana y he recorrido exactamente 7 km desde el inicio de la etapa, el camino inicia de nuevo su tránsito por una zona boscosa y encuentro otra nueva área de descanso, esta vez con una pequeña zona cubierta y una refrescante fuente por lo que decido hacer la parada de rigor y desayunar con los víveres que transporto, pues las fuerzas las fuerzas comienzan a flaquear y más vale ser previsor.







Durante mi copioso y fortalecedor desayuno compuesto por pan, embutidos, queso, tomate y una cerveza, observo como dos de mis compañeros de alojamiento del último albergue, Manolo e Isabel, prosiguen su marcha en dirección Salas mientras que recobro nuevos ánimos.

Apenas unos metros después de esta tranquila zona de descanso, existe un desvío a la izquierda perfectamente señalizado abandonando este vial asfaltado y así llevarme por una senda que te introduce progresivamente en el bosque, haciendo el caminar mucho más agradable.







Continuando por esta senda se cruza por el puente llamado de Casazorrina, prácticamente escondido entre la vegetación y cuya fecha de construcción se sitúa en el entorno de los siglos XVII y XVIII.







Posteriormente pero de reciente construcción encontramos la pasarela de la Debesa de reciente construcción pero que gracias a ella nos salva a los peregrinos de más de un chapuzón especialmente en invierno.





Aunque la zona boscosa no permite evaluar las distancias pero por el tiempo transcurrido debo estar aproximándome a Salas aunque antes encuentro unas edificaciones pero sin vestigio de la presencia humana con una casona y su enorme “panera” aledaña como queriendo perpetuar la grandeza de otros tiempos, sobre una de las fachadas figura su identificación como La Debesa además de una “vieira” que nos indica el Camino.





Desde aquí a Salas invierto algo más de veinte minutos y accedo a su área urbana divisando a la entrada de la población una enorme planta industrial dedicada a la fabricación de productos lácteos, aunque rápidamente inicio el recorrido por una pasarela de maderas construida a la ribera del río Nonaya que atraviesa la población.







Una vez que dejo la pasarela y me incorporo a la Avenida de Galicia que directamente me conduce a la zona monumental de la población en la que destaca su iglesia de San Martín, inicialmente construida entre los siglos VIII y IX, ya reconstruida en el siglo X por Alfonsus Confesus y totalmente rehecha en el siglo XV con posteriores reformas en los siglos XV y XVIII.







Pude acceder a su interior e incluso sellar mi credencial pues se aproximaba la hora de los oficios religiosos de este domingo festivo y me habilitó la entrada la persona encargada de la preparación del templo previo al acto religioso por lo que admiré su altar mayor y la preciosa piedra “bordada” que conforma la baranda del coro cobijada bajo la estructura nervada de su techumbre.







Entre los diversos monumentos existentes conforman una coqueta plaza siendo otro de ellos la Colegiata de Santa María la Mayor construida en el siglo XVI y cuya capilla lateral cierra la placeta, aunque hoy se usa como sala de exposiciones.





La Colegiata unida mediante un arco en el que figura el escudo de la familia Valdés – Salas, promotora de esta majestuosa obra arquitectónica, se une a una torre medieval del siglo XIV que actualmente acoge el museo pre románico San Martín.





Nada más pasar bajo este arco medieval se nos abre la plaza de la Campa y a la izquierda, como uno de los componentes de la Colegiata, se encuentra el Palacio de Valdés Salas, hoy reconvertido en un bonito establecimiento hostelero.





En esta plaza de la Campa se encuentra el albergue privado del mismo nombre, frente a un no menos reconocido establecimiento culinario denominado Casa Pachón.

A mi paso por estas plazas y callejuelas puedo observar como los peregrinos que me adelantaron mientras tomaba mi desayuno campestre, Manolo e Isabel disfrutan de la soleada mañana en la terraza de uno de los bares existentes, pero decido no detenerme y continuar mi marcha ahora que me encuentro reconfortado y ligero de pies.

Comienza mi recorrido en ascenso cada vez más pronunciado pero la belleza de su paisaje y la frondosidad de su vegetación me lleva en “volandas” hasta encontrarme con la Fuente del Pain, con una delicia de agua para refrescarse y provisionarse.







Continuando la senda descubro la bella construcción del puente del Carcabón, siglos XVII y XVIII que permite un tránsito sin sobresaltos evitando un camino zigzagueante para salvar el curso del arroyuelo que recoge las aguas de la empinada vertiente.





La humedad reinante por la proximidad del río Nonaya y la riqueza de su terreno favorece la existencia de vegetación por doquier dando lugar a la creación de figuras con el musgo que se recrea incluso sobre los troncos de árboles vencidos por la climatología o por su propia naturaleza.







Después de 3,5 km de permanente pero llevadero ascenso en los que se consigue salvar un desnivel de 220 metros, al fondo creo ver el final de la senda que entiendo me devolverá a terrenos más llanos, pero también creo que la belleza que dejo atrás será difícil de superar.







Pero mis elucubraciones no son ciertas sino solo buenos pensamientos puesto que durante 400 metros me incorporo a la N-634 con desvíos para salvar la autovía y empinadas cuestas que durante dos nuevos km te van rompiendo las fuerzas hasta salvar un desnivel de 200 metros y llegar a la altura de Porciles.

Son las trece horas y quince minutos cuando entro en Bodenaya y 20 km con la mochila a las espaldas cuando me encuentro ante el cruceiro que da la bienvenida a esta curiosa población casi en medio de la nada.







Seguidamente se encuentra la iglesia de Santa María de Bodenaya que estaba cerrada y aunque una amable vecina me indicó que en una casa próxima disponían de la llave para acceder, pero estimé que no era una hora apropiada para importunar.







Creo que la etapa de hoy es suficiente y como me han hablado bastante bien del albergue privado de Bodenaya gestionado por Alejandro, se encuentra al mismo borde del Camino, así que dicho y hecho, pero a esta temprana hora aún se encuentra cerrada y quedarme aquí todavía un buen rato en medio de la nada opto por continuar un poco para buscar algún punto de avituallamiento y volver después.







Continuando mi marcha inmediatamente aparezco en la N-634 que tomo a la izquierda en busca de un lugar habitado donde poder tomar algún alimento dejando atrás Bodenaya que prácticamente se da la mano en la corta distancia con La Espina y aquí parece existir algo mas de vida “humana”.







Ya en La Espina recurro al primer bar que encuentro abierto, sigue olvidándoseme que es domingo, así que entro en El Covadonga que al menos es amplio, aseado y con tres o cuatro paisanos jugando una animada partida en su mesa.

Al fin consigo tomar unos refrescos “revitalizantes” para inmediatamente pasar a la cerveza y cualquier alimento sólido que me ofrezcan ya una vez desprovisto de la mochila que descansa en una silla mientras a mí me soporta la barra del bar sentado sobre una banqueta. Ya quedó Bodenaya 1,5 km atrás, además obvié el curso del Camino que transita unos centenares de metros paralelos a la carretera, pero la “necesidad” de localizar un sitio habitado donde alimentarme me hizo caminar por la carretera.

Una vez saciado mi apetito lo suficiente con unos apetitosos montados, pero sin excesos y relajado mi cuerpo, opto definitivamente por continuar mi Camino pensando en cualquier otro punto final de etapa en el que descansar definitivamente y darme un pequeño homenaje gastronómico con algo caliente y que alimente.

Son la 14:30 horas cuando reinicio la marcha y retomo la senda del Camino que me lleva hacia La Pereda, bonito núcleo urbano con la preciosa ermita del Cristo de los Afligidos del siglo XV. Por cierto el vial para la salida del pueblo es una muy corta pero endiablada rampa de cemento que más que andar me hace “trepar”.







Nada más abandonar La Pereda y a la misma salida se encuentra la Fuente de Reconco de 1809, lugar que puede ser un buen punto de descanso y cobijo en el que disfrutar de una deliciosa agua.







En pocos minutos se finaliza la subida de unos 500 metros para continuar por una zona boscosa que atravesaremos a través de una preciosa senda en un agradable paseo sin fuertes desniveles.







Después de casi dos kilómetros encontramos la pequeña población de El Espin que prácticamente se une a otra de similar extensión llamada Bedures. Aquí existe otro punto en el que descansar junto a una fuente con dos bancos de piedra que la protegen y una pequeña hornacina que guarda la imagen de un santo, aquí mismo también se dispone de una máquina con bebidas fresquitas que nunca viene mal, así que hice un pequeño descanso.







Después de 600 metros me incorporo nuevamente a la carretera AS-216 lugar en que se encuentra la población de El Pedregal, esta población de mayor entidad que las dos anteriores y que dispone incluso de la Iglesia de los Santos Justo y Pastor posiblemente del siglo XVI.







Nada más salir de la población abandonamos por la derecha la AS-216 para tomar la senda perfectamente señalizada que nos llevará por las estribaciones de la Sierra de Tineo con unos paisajes con encanto a través de una amplia y cómoda pista.







Algo más de 4 km y en la cima de promontorio a la altura de la población de Zarracín vuelvo a encontrar una pequeña zona de descanso habilitado con un par de mesas de madera, detalle que se agradece y que permite al menos descasar unos minutos del peso de la mochila y disfrutar de una relajante vista del valle, pues desde kilómetros venía observando la imagen de una gran polígono industrial que te da ánimo al pensar que estás en la proximidad de Tineo, pero la realidad es distinta y viene muy bien este descanso para sosegarse.







La realidad se impone puesto que desde Pedregal no se vuelve a tener la posibilidad de contacto alguno con otra población hasta llegar a Tineo después de siete largos kilómetros, por eso hay que ir prevenidos.

No debo olvidar que estoy en Asturias y la época del año, así que a pesar de la maravillosa temperatura y el cielo aunque nublado no amenaza con nada más, pero no todo tenía que ser perfecto, así que a medida que me voy aproximando a mi destino y por las estribaciones de esta Sierra de Tineo, se comienza a cerrar el cielo tornándose en un día oscuro y las primeras gotas de agua caen sobre mí, aunque la proximidad de Tineo ya es notoria no me queda más remedio que hacer uso del chubasquero porque “estas gotas ya mojan”.

Después de treinta y cinco minutos caminando desde mi último descanso y dos km en mi haber me encuentro a la entrada de Tineo a las puertas de su bonita y coqueta ermita de San Roque con el cielo algo más abierto y ya una suave llovizna.







Solo 1,3 km me separan del albergue con un descenso a través de la carretera de San Roque perfectamente acondicionado con su acera lateral que permiten a los nativos y peregrinos transitar por allí sin ninguna dificultad, así hasta llegar al cruce con la calle Cabezas de San Juan donde nos servirá como referencia la existencia de un “horno de leña” como en esta ocasión da muestra la enorme cantidad de leña allí almacenada. Después de este desvío a la izquierda y unos cien metros no encontramos ante el Albergue Municipal de Tineo Mather Christi.

Son las seis de la tarde cuando descubro que soy el único peregrino que se hospeda, pero eso no es obstáculo para ser atendido por José Luís, el hospitalero, quién amablemente, una vez despojado de mi capa de lluvia, efectuado el registro y sentarme en el sofá existente en el hall de la entrada, me explicó las singularidades del albergue y departimos en amigable charla durante un buen rato sobre las singularidades del Camino y la poca afluencia en el día de hoy.

Ante mi sola presencia y las perspectivas que se avecinaban José Luís me instaló en una pequeña habitación independiente que al menos me evitaría la soledad de la inmensa sala y la molestia que podría provocar a cualquier otro peregrino que apareciese con mis sonidos guturales acústicos (ronquidos).

Son casi las 19 horas cuando ante nuestra sorpresa hacen acto de presencia dos nuevos peregrinos que resultan ser Manolo e Isabel quienes jamás imaginaron que yo pudiese encontrarme allí, pero así es el Camino, tiene uno un buen día, te pasas de revoluciones y superas los 30 km de etapa.

Una vez aposentado perfectamente decido salir a dar una vuelta por Tineo que resulta ser una bonita población de larga historia que se remonta a la época del Imperio Romano consiguiendo su mayor esplendor durante los siglos XII y XV. Dispone de un cuidado casco antiguo con su calle Mayor que desemboca en la plaza del Ayuntamiento en la que resalta el Palacio de Merás y el edificio que alberga la administración local.







En mi recorrido inicial por Tineo lo hice acompañado por José Luís, siendo de gran ayuda puesto que me orientó y habló de los lugares más significativos, llamándome especialmente la atención la singularidad de sus calles modernas que al estar ubicadas en las estribaciones de una colina permiten el tránsito peatonal entre ellas mediante escaleras que salvan los enormes desniveles.

Al anochecer había quedado para cenar con Manolo e Isabel puesto que la comida del mediodía por ambas partes había sido demasiado “ligera” así que después de una buena asesoría nos encaminamos hacia el Mesón La Fogaza, lugar en que la cena fue una verdadera maravilla de la gastronomía de la tierra con un excepcional precio para peregrinos y destacando sobremanera el excelente trato personal con el que nos acogieron.

Estas cenas solo se las puede permitir un peregrino después de una jornada tan larga e intensa como la de hoy y conseguir que posteriormente puedas descansar. Iniciamos la cena con Pote Asturiano y Fabada, continuando con Pito y Carrillada de Ternera, todo ello regado por una fenomenal sidra natural, para finalizar con postre e infusiones. Toda una delicia y ejemplo de la gastronomía casera asturiana, ¡¡muchas gracias!!







Después de esta familiar fiesta gastronómica decidimos retornar pacientemente al albergue con la alegría de la jornada vivida y felizmente culminada.





Albergues de la Etapa:

Salas:
-Albergue de Peregrinos de Salas
    Localización: Plaza de la Veiga 8 (a 200 metros del Camino)
    Propiedad: Privada; Gestión: Municipal
    Tel.: (+34) 985 830 004 / (+34) 689 572 127
    Inaugurado en Marzo de 2010

-Albergue de Peregrinos La Campa de Miguel
    Localización: Plaza de la Campa, 7
    Propiedad y Gestión: Privada
    Tel.: (+34) 679 390 756
    Inaugurado en Agosto de 2012



Bodenaya:
-Albergue de Peregrinos de Bodenaya
    Localización: Bodenaya, 27
    Propiedad y Gestión: Privada
    Tele.: (+34) 609 133 151 / (+34) 985 83 75 84
    Inaugurado en Julio de 2007



La Espina:
-Albergue El Texu
    Localización: Plaza de la Iglesia nº 6
    Propiedad y Gestión: Privada
    Tel.: (+34) 669 01 66 67 / (+34) 603 75 19 06
    Inaugurado en Abril de 2014

-Albergue El Cruce
    Localización: El Cruce, 7
    Propiedad y Gestión: Privada
    Tel.: (+34) 639 365 210 / (+34) 985 837 281 / (+34) 985 83 73 81
    Inaugurado en Junio de 2013



Tineo:
-Albergue Mater Christi
    Localización: Calle Las Cabezas de San Juan (edificio del antiguo Centro de Salud)
    Propiedad y Gestión: Municipal
    Tele.: (+34) 985 900 202 / (+34) 985 801 067

-Albergue Palacio de Meras
    Localización: Calle Pío Cuervo, 3
    Propiedad y Gestión: Privada
    Tel.: (+34) 985 90 01 11
    Inaugurado en Abril de 2015